Neurociencia, Música y Lenguaje


¿Cualquier persona, a cualquier edad, puede aprender cualquier cosa?

Sí. ¡Nuestro cerebro está siempre dispuesto a aprender cosas nuevas!

¿Incluido aprender inglés o chino?

No importa la edad para memorizar léxico o gramática. Pero un buen acento... ¡ah, eso es otra cosa!

¿Por qué?

Con los años, merma la capacidad para memorizar matices sonoros. ¡El buen acento es lo más difícil de reproducir!

¿Por qué sucede eso?

No se sabe, pero sí sabemos que al cerebro le cuesta más modificar hábitos de matiz que aprender cosas nuevas muy distintas.

¿Qué fue antes, el lenguaje o la música?

El bebé manifiesta interés por el lenguaje antes que por la música. Es una pista. Algo pasó en el cerebro primate hace siete millones de años que permitió estas aptitudes.

¿Y desde cuándo nos atrae la música?

No lo sabemos. Hace 50.000 años usábamos flautas de hueso. Hay cerebros más aptos que otros para el goce musical, eso sí.

Para algunos, la música es ruido.

Le sucedía a Sigmund Freud: la música no le decía nada. Son casos minoritarios.

Mozart sería el extremo contrario.

¡Pero si Mozart hubiese escuchado a Schönberg y le hubiese asustado! Todo es hábito.

¿Qué ventaja evolutiva reporta la sensibilidad musical?

La gran baza para sobrevivir es la sociabilidad, la capacidad de conectarnos. ¡Y la música es una tecnología muy útil para esto! Como hoy Facebook. O la cerveza, ja, ja...

¡O el lenguaje!

En algún momento, nuestro cerebro aprendió a hacer canciones o frases con notas o palabras: a articular secuencias complejas.

Tallar el filo de un hacha lítica es también secuencial. ¿Existe alguna relación?

Que todas son habilidades que piden horas de aprendizaje, es decir, de socialización.

¿Qué mínimo de horas se precisa para tocar bien un instrumento?

No se sabe, porque también depende de la pericia del profesor. Lo demuestra el caso del sexador de pollitos...

¿El que distingue el sexo de pollitos?

Sí. Creíamos que esa pericia exigía miles de horas para ser aprendida, pero un sexador cambió el modo de enseñarla..., ¡y hoy bastan dos horas para aprenderla!

¿Lo mismo vale para tocar la guitarra?

Puede: Yo llevo mil horas de guitarra...

¿Y qué tal?

Quise aprender hace tres años, con 39 tacos... ¡Y he aprendido! La toco bien, aunque sé que nunca llegaré a ser un virtuoso.

¿De qué dependería eso?

En parte de mi talento innato, en parte de la eficiencia de mi docente y en parte de las horas de ensayo.

¿Qué tal es su profesor?

Muy paciente: Ha sido el videojuego Guitar Hero. En unas treinta horas, aprendí lo elemental. Luego, ¡a practicar!

¿Y nunca antes la había tocado?

Jamás. Esto demuestra la ductilidad de nuestro cerebro, porque tocar la guitarra es una tarea de alta complejidad cerebral.

¿Y eso?

Estimula una amplia reorganización del cableado neuronal, pues implica áreas auditivas, planificadoras, decisorias, emocionales, motoras...

¿El mérito ha sido del videojuego?

Los videojuegos tienen mucho futuro en la docencia: incrementan paulatinamente la dificultad para estimularte sin desmotivarte, ¡y tienen toda la paciencia del mundo!

¡Tiemblen los conservatorios!

No: Para cuestiones como la postura correcta, un profesor humano es insustituible. ¡Sólo con un buen profesor llegarás a virtuoso!

¿Qué le gusta tocar?

Improviso y obtengo mucho placer al ir descubriendo sobre la marcha combinaciones nuevas de notas: ¡eso cosquillea mi cerebro!

¿Qué siente?

Es una forma de relajación, ¡una meditación! ¡Pura alegría! No seré un guitarrista magistral... ¡pero ya soy un guitarrista feliz!

¿Qué función tiene el placer en los procesos de aprendizaje?

Es esencial: Si algo nos proporciona placer, aplicamos más horas y más ganas. Otra vía de aprendizaje es el miedo, claro...

"La letra con sangre entra", se decía...

Pero ¡Es mejor profesor el placer!

¿Tocar la guitarra combate la senectud cerebral?

Las actividades complejas y gratificantes incrementan el flujo sanguíneo en el cerebro, lo que podría frenar la degeneración neuronal. Pero no lo tenemos confirmado.

Investigue más, por favor.

Ya lo hago, ¡y me da placer, por cierto! Esto sí está demostrado: descubrir algo nuevo, un hallazgo científico, un aprendizaje nuevo... ¡reporta placer al cerebro! Alimenta la felicidad. Y si eres más feliz, ¡vives más!

Así entendida, la felicidad sí resulta ser adaptativa, una ventaja evolutiva...

Sí, una felicidad entendida como equilibro de placeres. ¡Eso sí está bien confirmado!

¿Cómo se alcanza dicho equilibrio?

Es un equilibrio entre los placeres inmediatos y los placeres diferidos, de largo recorrido: cocinar, jugar al ajedrez, tocar la guitarra... ¡Son seguros de vida!

¿Hay algún placer específicamente benéfico para nuestro cerebro?

Eso sí se sabe: El placer de ayudar a otros.

Entrevistado: Gary Marcus (Neurocientífico)
Entrevistador: Víctor M. Amela
Fuente: La Contra

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Carlos Soler Carlos Soler Experiencia en el sector de la tecnología y TIC. En Blogtecnia desde 2006. Ex-Asistente blogger al MWC de Barcelona. Exeditor en GeeksRoom. Me podéis seguir en Twitter, Google+ y Facebook. Encontrareis mi poemario en la iniciativa de: Save the Children.

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