"INTERVIU" EN MONTAJE CORTO A CARLOS SANTIAS


LOS CINEISTAS ANTE SU PÚBLICO

— ¿Cuándo empezaste a filmar?

— El veintisiete de abril de 1935. Recuerdo la fecha por ser el día siguiente de mi boda. Mis primeras tomas: Clandestinas. (Muy amateur y muy español.) Desde un avión de la Luft-Hansa que nos conducía a Austria y encuadrando la Costa Brava, cuyo perfil se recortaba en nuestro Mediterráneo sin igual. Todo ello burlando la vigilancia rígida del personal del avión. Tengo del cine amateur un concepto muy libre.

— ¿Siempre has filmado en 9,5?

— Sí. Coincidieron mis esponsales matrimoniales y cinematográficos y sigo conservando la misma mujer y la misma "Eumig" de nueve y medio.

— ¿Por qué prefieres este tamaño a los otros?

— Por mi tipo. Yo no soy ni 8 ni 16. Tú, en cambio, eres un 35,

— ¿Y no hay razones técnicas?

— Las hay: Rendimiento de superficie de cuadro muy similar del 9,5 al 16 y muy superior del 9,5 al 8; equilibrio mecánico de los arrastres, central (9,5) o bilateral (18); desequilibrio del arrastre lateral del 8, etc. Pero persisto en el criterio de afinidad fisiológica, por considerarlo muy importante en todo órgano funcional, llámese estómago, riñon o cámara.

— ¿Tu opinión sobre la película en color y su revelado?

— Todo invento sensacional trae serios trastornos hasta que no se ha asimilado. Todavía estamos a medía digestión del "sonoro" y nos dan el "five o'clock tea"
del color. Se impone el empacho. Raras veces se utilizan adecuadamente ambos. En cuanto al revelado del color, mientras no se haga aquí no me interesa. Filmar a 16 ó 24 imágenes por segundo y a uno o dos meses de revelado me parece algo así como pasar un embarazo.

— iQué género prefieres: Argumento, documental o fantasía?

— Ni argumento ni documental sin que en ellos no domine la fantasía. ¿No somos libres los amateurs? Pues rompamos moldes y a través de nuestra propia fantasía veamos los asuntos de un modo que refleje nuestra inquietud, nuestra ambición artística o nuestra estupidez si no se da para más.

— ¿Qué domina en ti: La técnica o el valor emotivo?

— La técnica como simple medio. La emoción como fin.

— ¿Qué sensación sientes cuando te dispones a filmar?

— Como dije en el capítulo que Torrella me brindó en su libro «El cine amateur español», al coger la cámara me siento invadido de una gran responsabilidad ante mí mismo. Es un momento de inefable goce e inquietud si uno se propone una cosa muy difícil: Ser fiel a si mismo. Que no siempre se alcanza, pero yo no he querido proponerme otra cosa; me importa un bledo todo lo demás.

— Como excelente artista músico que eres, dinos si la melodía musical te acompaña y guía en tus filmaciones.

— A veces sí. Por ejemplo, en Glosa musical. Pero tampoco cuando filmé Peña Rhin pude evadirme del zumbido de los motores y del fragor de las multitudes como música, primaria, pero que encierra curiosos ritmos.

— ¿Como seleccionaste música divertida para tu gracioso film Epístola a Octavio?

— Escogí «Obertura Miniatura» de Tchaikowsky; sólo esto. Sin ser una música propiamente divertida, se me adaptó perfectamente.

— ¿Te gustaría escribir una melodía y traspasarla al celuloide?

— Si, pero sin limitaciones de amplitud instrumental. Disponiendo de una gran orquesta para utilizar, a lo mejor, unos pocos instrumentos. Según el asunto puede bastar uno solo. He tenido ocasión de hacerlo yo mismo con la guitarra cuando mi amigo Galcerán me propuso ponerle música a la versión del film francés de Pierre Boyer La mejor parte. Dimos a Conocer en París la nueva versión del film y, entre otros efusivos elogios, recibí el de Georges Auric por la forma en que había adaptado la música al ritmo y clima de las diferentes secuencias.

— Pasemos a otra cosa. ¿Qué propondrías para mejorar el concurso nacional de cine amateur?

— Mejorar, si cabe, el valor personalidad. Más originalidad de idea y más autenticidad. Menos colaboraciones que menguan dicha personalidad. Es una opinión personal.

— ¿A qué cineísta amateur te gustaría parecerte?

— A ninguno.

— ¿Es que no te gusta ninguno de nuestros ases?

— Sí. Admiro en unos su talento, su arte; en otros, su agudeza o su ritmo conciso. Pero no me gusta, en Arte especialmente, parecerme a nadie. Es decir, si te empeñas podría hacer una sola excepción.

— ¿A quién te refieres?

— A mí mismo. Quiero y busco siempre parecerme a mí mismo. Y una vez conseguido, exigirme más, siempre más. Si uno se propone esto puede superar incluso de una manera insospechada el limite de sus facultades. Y ya es conseguir algo. Imitando, no.

— ¿Cuáles han sido tus recientes actividades como guitarrista y compositor en París?

— Un concierto en la Salle Gaveau, dos participaciones en festivales de Pleyel, conferencias y conciertos en la Biblioteca de la Embajada Española y otras entidades intelectuales parisinas, numerosas emisiones de radio y televisión, grabaciones de discos y, últimamente, el estreno de unas melodías mías, como música de ambiente en la obra teatral de Jean Lasserre Voicí le jour, estrenada por Pierre Fresnay, tan conocido en los medios cinematográficos mundiales, e Ivonne Printemps. Dentro de pocos días salgo nuevamente hacia París para proseguir los compromisos adquiridos en el doble aspecto de compositor e intérprete que ya ha dominado en mis actividades anteriores.

— Bien. Antes, y para terminar, ¿querrás contarnos alguna anécdota de cineísta amateur?

— Anota. Para completar el final de mi película Huellas de Tárrega tenia que filmar una escena en el Cementerio de San Gervasio. Me dispongo a empezar y me dicen que está prohibido sacar fotos. «No son fotos — digo —; es cine.» Más prohibido todavía. Me dirijo a la Administración. El Jefe, muy amable, me recomienda que escriba al Ayuntamiento pidiendo autorización. Total ocho días de trámite y yo sólo disponia de ocho minutos. El laboratorio revelaba aquel jueves y para el domingo siguiente estaba anunciada la película en el homenaje que se tributaba a Tárrega públicamente. Insisto. Temen que el film tenga fines publicitarios. «No se preocupen — contesto — este establecimiento no necesita propaganda para llenarse... Sonrisas y corrientes de simpatía. Digo que soy tal y cual del cine amateur. Les gusta la cosa. Me autorizan y los enterradores libres me ayudan y hasta me piden que les filme. Digo que no es posible y que ya les retrataré con los niños otro día. Doy la tarieta al Administrador y le ofrezco mi casa. Me corresponde y le atajo; iNo; esta casa no me la ofrezca. Ya acabaré instalándome en ella algún día, ¡pero no llevo ninguna prisa!»

(Separata del Nº 12 de otro cine. Año 1954)

1 comentario :

Anonymous dijo...

Muy buena entrevista. Impresionante.
tu nieto Pablo

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Carlos Soler Carlos Soler Experiencia en el sector de la tecnología y TIC. En Blogtecnia desde 2006. Ex-Asistente blogger al MWC de Barcelona. Exeditor en GeeksRoom. Me podéis seguir en Twitter, Google+ y Facebook. Encontrareis mi poemario en la iniciativa de: Save the Children.

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